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Seguramente has escuchado el término alguna vez, pero no tienes claro en qué consiste. Hablamos de la mamitis. Si tienes un hijo o hija pequeña, no dudes en seguir leyendo este post porque estamos seguros que te va a servir de mucha ayuda. ¡Comenzamos!

 

En Clínicas Por Tu Salud contamos con un amplio y profesional consultorio médico especializado compuesto por nuestras psicólogas clínicas Rosa Gómez y Elsa Sánchez. Con nosotros encontrarás la más completa atención en Psicología Infantil, por lo que estaremos encantados de ayudaros y asesoraros en todo lo que necesitéis.

Es muy normal que, en momentos delicados para un bebé, cuando está enfermo, tiene fiebre, está molesto o triste, recurra a su madre y demande su atención. Pero, ¿qué ocurre cuando este reclamo se convierte en una constante durante todo el día? ¿Qué pasa si solo la madre puede vestirle, darle de comer o dormir todas las noches con él? Es lo que popularmente se conoce como mamitis y que no supone otra cosa que un apego excesivo.

Los pequeños no pueden valerse por sí mismos. Necesitan ayuda y protección por parte de sus padres en los primeros meses de vida. En esta época, la madre se convierte en la principal proveedora de alimento y cuidado. Se puede decir que se convierte en todo su mundo y, por consiguiente, en su figura de apego. Pero, a medida que va creciendo, el bebé se va convirtiendo en más independiente. Es un proceso en el que no está descartada alguna clase de regresión o fase de mamitis, que suponen principalmente periodos de inseguridad.

Son muchas las razones que pueden darse para que se dé un apego excesivo, como una enfermedad o celos ante la llegada de un hermanito. Por suerte, serán episodios pasajeros y fáciles de solucionar, siempre y cuando sepamos qué es normal y qué no:

- Los retrocesos son normales e indispensables. Se tratará de momentos de angustia en los que el pequeño desea sentirse seguro.

- Es normal que no desee irse con extraños, sobre todo a partir de los diez meses, cuando ya es capaz de reconocer perfectamente a sus padres. Si al marchar lloran es porque cree que no van a volver. Esta etapa, la más delicada, puede durar hasta los 18 meses, cuando ya consiguen ser conscientes que, aunque marchen, volverán.

- Es totalmente normal que los pequeños pongan a prueba la paciencia de las madres y se peguen a ella, ejerciendo de “pequeños dictadores”.

- Tampoco hay que preocuparse excesivamente ante una mala reacción por grandes cambios o por haber pasado por una situación traumática, como puede ser empezar la guardería, la llegada de un hermano o una mudanza.

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